Stand-by

Cuerpos caducos.

Caja vacía, fin de la curiosidad. 

La devaluación del interés.
Sobreexposición de piel,
de flujos que saben siempre igual,
de juegos que sólo apetecen cuando no se pueden jugar. 

Mañana más.
Mañana mejor.
Mañana. 

De lejos el deseo sabe a fresas salvajes,
a estrellas fugaces;
flores de cerezo en las que se pierde la vista
un día.

Si estuviera más lejos,
inalcanzable,
sería la obsesión,
la llama que siempre calienta,
la sonrisa eterna.

Pero estoy.

Estoy y me decoloro a ratos.
Desaparece el ansia.

La piel se eriza
de frío.

Estoy,
traslúcida y desvaída.
El deseo tiene fecha de caducidad.

El hoy ha perdido su valor
entre caricias de diario.

“Si estuvieras aquí te haría
Todo lo que no te hago porque estás.” 

Stand-by_1

A.

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Palabras III – Rutina

Rutina:

8:00 am – Suena el despertador.

Mi mano intenta a ciegas dar en el blanco y detener ese chirriante sonido que no me deja en paz. Abro los ojos a la fuerza y me incorporo sólo lo suficiente como para apagar el despertador. Miro al techo mientras mi cuerpo se prepara para levantarse de la cama y desprenderse del calorcito que se esconde bajo las sábanas. Es una mañana de otoño, como todas las demás. Llueve al otro lado de la ventana y el clima ya no es dulce como lo fue en verano.

Mi blanco techo me deja la mente del mismo color, intento prolongar los “cinco minutos más” y me acurruco entre la mullida manta. Pero mis cinco minutos se acaban y debo salir de mi acolchada crisálida para comenzar el día. Menuda mariposa soy: despeinada, con cara de espanto, un par de grises ojeras bajo los verdes ojos y esa maldita espinilla que siempre aparece en el peor momento. Mejor no seguir mirando que me gasto.

8:30 am – Tomo una ducha.
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