La fuente de la eterna juventud.

Después de su larga carrera como químico, cosechando grandes satisfacciones dentro del mundo de la investigación, Victoriano seguía detrás del motivo que le había llevado a escoger aquella disciplina por encima de las otras ciencias puras. Aquella noche había completado la fórmula que le daría el triunfo definitivo en el campo, el colofón a una carrera fructífera y exitosa. Se regodeaba pensando en las posibilidades de aquél hallazgo, en las puertas que se abrirían para él. El Nobel no sería más que una pequeñez comparado con el reconocimiento del mundo. Se sentía desfallecer de la emoción, aquellos que pensaban que ni tan siquiera se acercaría a aquel imposible le mirarían pasar junto a ellos boquiabiertos, presas de la admiración y la envidia. Miles querrian disfrutar de las bondades y las maravillas de su hallazgo.

Sabía que para obtener lo que anhelaba debía entregar algo de igual valor. No en vano había sacrificado los últimos años preparando su cuerpo para el momento definitivo. Inyecciones, tratamientos dolorosos y los claros síntomas de envejecimiento prematuro a causa del agotamiento físico y mental le habían transformado en el candidato ideal (el único) para dar aquél salto. El sacrificio había sido grande y la recompensa lo sería aún más. Todo estaba listo; aquella era la noche señalada.

Se dispuso en la cama que tenía instalada en su laboratorio, la misma que hasta ahora le había servido para no tener que salir de esas cuatro paredes abarrotadas de instrumentos, materiales y sustancias más que para recibir algún galardón (las únicas invitaciones que jamás rechazaba) y dejó que el suero se mezclara lentamente con su sangre a través del catéter.

Se dió cuenta de que el experimento funcionaba. Su piel empezó a recuperar color y tersura, las arrugas remitían y las manchas típicas de la edad se difuminaban; su vista recuperaba la nitidez y los sonidos le llegaban con más claridad. Pero antes de que la sonrisa triunfal se dibujara en su rostro, sus ojos se abrieron de par en par y una mueca de horror le bañó la faz. Algo iba mal.

Se desmayó. En ese inconsciente profundo en el que cayó preso se vió a si mismo de pie, circundado por un espacio infinito. El laboratorio se diluyó y sus recuerdos comenzaron a evaporarse ante su mirada estupefacta. Los títulos y los reconocimientos caían de lo alto estrellándose en un suelo invisible y partiéndose en añicos. Sus investigaciones ardieron y entre volutas de humo estiraba los brazos intentando alcanzar algo de lo que estaba perdiendo, pero lo único que conseguía era remover el humo y esparcir las cenizas por los alrededores. Justo antes de olvidar el objeto de todo aquello, en un instante fugaz entendió que el tiempo era lo único con suficiente valor para ofrecer a cambio de tiempo. El conocimiento y la experiencia adquirida con tanto esfuerzo se alejaban como los pétalos de un diente de león que él mismo había soplado. Ya no quedaba casi nada; lo último que vio fue su propio rostro desvaneciéndose como escarcha en el viento de un ocaso eterno.

Al día siguiente el celador del laboratorio halló a un bebé de apenas unos días llorando desesperadamente bajo las ropas de Victoriano. Los servicios sociales se hicieron cargo del niño al ver que nadie le reclamaba. Nunca se sabría lo que allí había acontecido.

© Agatha.

Simulacrum

Simulacrum es el nombre que lleva el relato con el que he inaugurado mi participación en la revista MiNatura, donde también podréis encontrar relatos de otros amigos, entre ellos Pablo Martínez Burquett, autor de Forjador de Penumbras y Carlos Díez, que espero pronto nos permita deleitarnos con sus letras. La revista podéis descargarla aquí y podéis encontrarla en inglés y en español.

En esta edición el tema de la revista era «Ángeles y demonios». La próxima edición girará en torno a la «Alquimia» y pronto saldrá en pdf para descargarla. Y ya estoy pensando en el siguiente tema… Fobias.
Por lo pronto os comento que pronto dejaré por aquí uno de los relatos que surgieron en torno a la alquimia, que no aparecerá en la revista porque los relatos para la revista tienen un límite de 25 lineas y en este caso se me pasaban por mucho, pero me gustó el resultado y no quise cortarlo. Así que lo dejé apartado para aprovecharlo para el blog. También os dejaré la propuesta de Simulacrum en inglés (se aceptan todas las críticas para mejorar la traducción).
Disfruten de la lectura.
simulacrum

Simulacrum

Soy un ser nocturno. Despreciable y oscuro, pero hermoso. Soy una brillante mezcla de perfección y crueldad. Me alimento de sentimientos, jugosos y dulces sentimientos de pobres ingenuos que caen rendidos a mis encantos.

Mi forma: la que prefieras. Soy aquello que tus ojos desean ver. Lo que más disfruto es la ceguera selectiva de quienes se obsesionan con encontrar el amor. Esos son los más divertidos cuando llega el momento de destrozarlos. Cuanto más me aman, más me entretengo dejándoles sin nada más que un frío vacío interior al verse privados de mi.

Generalmente se suicidan. Para mi es un gran espectáculo. Los ves ahí, llorando desconsoladamente, pensando mil veces en los motivos por los que les he abandonado, con el rostro hundido entre las rodillas y los ojos hinchados. ¡Qué patética visión! No son más que simples y asquerosas criaturas incapaces de ser seres completos; repugnantes parásitos, gorrones inútiles que cargan el peso de su felicidad en los demás. Merecen su dolor, merecen ser despojados de todo, y yo disfruto arrancándoles lentamente el alma sin ningún tipo de piedad; esa es mi especialidad.

Vosotros no sois más que nuestros juguetes. Nos colgamos medallas cada vez que logramos un colapso. Es delicioso percibir cómo se escapa el último suspiro de unos labios moribundos que han escogido su hora. Es maravilloso ver cómo la desesperación os invade, y el modo en que os lanzáis determinados a las muertes más cruentas y desgarradoras, mientras os preguntáis cómo se puede sufrir tanto, suplicando entre espasmos por una respuesta.

Desengáñate amigo, el cielo no existe; nosotros nos divertimos a vuestras expensas viendo cómo nos llamáis ángeles. Ahora, querido, ya puedes dejar de retorcerte de dolor y morir en paz, no tengo nada más que arrancarte. La fe era lo único que te quedaba.

© Agatha

(*)La ilustración también la podéis encontrar en la revista, es de Javier Charro y se titula «Fallen». Está en la pág. 38. Personalmente es de mis favoritas.

Ángel de porcelana

Y restos de lágrimas en las mejillas (*) dibujaban surcos negros en su pálido rostro. Su cuerpo inerte resplandecía cual macabro ángel de porcelana sobre aquellas sábanas de satén; las mismas donde, hacía apenas unas horas, ella le había descubierto surcando otras curvas, idénticas a las suyas.

Decidió darse un baño de sales aromáticas, exfolió su piel y se peinó para la ocasión. Se maquilló y se puso lencería nueva. Cuidó cada detalle. Así le esperó, tendida en su cama y atiborrada de pastillas.

Cuando él llegó ya no había nada que hacer. Aquel fue un regalo de aniversario inolvidable.

angel_porcelana

© Agatha (03/2013)

(*) Frase del concurso Relatos en cadena de Cadena SER con la que debían comenzar los relatos participantes de la semana del 14/03/13

Juegos de palabras

Entré a uno de los foros que visito de vez en cuando y me encontré con una propuesta interesante. Un miembro del foro ponía una foto que le resultara erótica y decía por qué le resultaba erótica. A mi se me ocurrió que podríamos jugar a inventarnos mini textos a partir de esas imágenes. Como fui la que planteó el juego dejé el primer aporte, esto fue lo que salió.

Esposas - Juego de palabras

Te observo desnuda, maniatada, con los ojos vendados y las manos esposadas sobre tu cabeza, entregada por completo a mi capricho. Me excito. Pienso en lo que haré contigo. Te observo desde lejos y veo como tu cuerpo tiembla ligeramente, es su forma de responder ante la incertidumbre de no saber donde estoy.

Estoy sentado frente a ti, vestido aún, disfrutando del matiz aterciopelado de tu piel, deleitándome con la redondez de tus pechos pequeños y perfectos, de tu cadera llena y de tus muslos blancos. Estoy atado a tu cuerpo por lazos invisibles de placer, soy tu dueño y a la vez tu esclavo. Tú no lo percibes, pero tus ataduras no son para satisfacer mis deseos sino para liberar los tuyos.

Me levanto y sientes el sonido de mis pasos acercarse a ti, te estremeces y debo contenerme para no arrancarme la ropa y sentir tu piel junto a la mia, aún no es el momento. Debes desearme más, tanto como para que pierdas este juego. Las reglas son claras, el primero en no aguantar las ganas de sentir la piel del otro en la suya pierde. Me acerco y me alejo de ti rítmicamente, como si estuviera evaluándote desde lejos. Tu respiración cambia de ritmo, comienzas a impacientarte. Pronto comenzaré con mis travesuras y podré ver como se te eriza la piel.

Mi boca se acerca en un intento de beso pero no te toca, sientes mi aliento en tu cuello, en tu boca, en el nacimiento de tus pechos, en tu ombligo. Dejo a mi paso un rastro de escalofríos y sonrisas. Tomo una pluma y la deslizo por tus muslos, dejo que baje hasta tu entrepierna y luego que suba hasta tu ombligo. Dibujo con esa pluma pequeños círculos en tus hombros y la deslizo entre tus pechos, jugueteo con ellos acercándo la pluma a tus pezones sin llegar a ellos y noto como cada vez te excitas más, de tu boca escapa ya algún pequeño gemido. Verte disfrutar me embriaga.

Mientras más resista la tentación de sentirte en mi piel más lejos te haré llegar. Dejo que notes mi aliento en tu piel, estoy a diez centímetros de ti. Como si fuera un pincel uso la pluma para hacer dibujos sobre tu ombligo y debajo de él, donde empiezan tus muslos y noto como una descarga te recorre, el deseo se apodera poco a poco de tu ser.

Se que deseas perder, pero no dejarás que gane fácilmente. ¿Hasta cuando podrás aguantar sin bajar las manos?.

© Agatha (2008)

Palabras IV – Conformismo

Y te piensas que sales a flote despues de tanto nadar. Nadar, nadar, nadar, es lo único que haces para surgir de las profundidades del abismo y cuando al fin llegas arriba una mano negra y pesada empuja tu cabeza hasta el fondo.

No puedes luchar, no importa lo bien que sepas nadar. La maldita mano se encapricha contigo y se divierte con tus espasmódicos movimientos, disfruta sintiendo como intentas zafarte de su abrazo mortífero. Sientes la presión en el cuerpo, la falta de aire en los pulmones y la impotencia es la única sensación que te queda en el baúl. No hay salida, sabes que sucumbirás por mucho que lo intentes y es entonces cuando relajas tus músculos y dejas que la costumbre se apodere de ti.

Sólo te queda esperar hundido a que el reloj marque el segundo final.

© Agatha (2008) 

Querido alguien

Querido alguien:

Te sorprenderá que te escriba esta carta, al fin y al cabo ni siquiera nos conocemos, pero tenía la necesidad de hablar de ciertas cosas contigo. Cosas que no puedo hablar con la gente que conozco y que no deseo dejar sólo en mi pensamiento. Cosas que quiero hacer llegar a tu mente para que, al menos, te hagan pensar un poco.

Lo cómico de este asunto es que no se exactamente de que quiero hablar. Aqui, sentada en el asiento trasero de mi coche, dejo que mis dedos se deslizen por las teclas para sentirme acompañada. Siento tu presencia y me agrada. Tú simplemente estás aquí, no me juzgas, no me señalas, no me reclamas ni me miras con aire despectivo. Lo único malo es que en realidad ni me miras, pero no importa, no necesito más compañía en este momento que el saber que estas palabras llegarán a ti.

Siempre he dicho que no me importa lo que la gente piense de mi. Pero entonces surge una pregunta: ¿por qué, entonces, debo justificar mis actos? No hablo de que los demás me lo pidan, sino de esa necesidad que surge en mi de explicar el por qué de las cosas que hago. Si a nadie quiero agradar con mis acciones, entonces ¿por qué necesito explicarme? Tal vez es porque en el fondo nosotros somos nuestros peores jueces y esas explicaciones son para satisfacer la necesidad propia de sentir que hacemos las cosas como deben hacerse. Asi que en realidad si que importa lo que, al menos yo, pienso de mi. Siempre habrá alguien entonces a quien tengamos que rendir explicaciones, no podemos escapar de nosotros mismos.

Cuando hacemos algo que no se debe hacer nos avergonzamos de ello y buscamos mil excusas para tapizar el hecho en si y lo rodeamos de circunstancias “especiales” para intentar sentirnos menos culpables. Un sin fin de particularidades que hacen que lo que hacemos esté bien para nosotros, pero, cuando vemos que es otro quien hace las mismas cosas entonces está mal y no hay excusa posible para pensar de otra manera. Entonces medimos las cosas con distintas varas y al final nos llenamos la boca diciendo que somos seres justos y que lo que es para uno es para todos. Claro, eso es asi hasta que metemos la pata hasta el fondo del barro y formamos parte del “todos”. Entonces cambiamos de punto de vista y decimos que las cosas no son blancas y negras, sino que todo está en los matices. X circunstancia para una persona está bien siempre y cuando tenga los mismos matices que tuvo para nosotros. Así nos pasamos la vida engañándonos y creyéndonos virtuosos, cuando al final todos estamos más metidos en el barro de lo que queremos ver.

Te preguntarás, querido alguien, por qué te suelto todo este cuento, si ni nos conocemos. Precisamente por eso, porque no nos conocemos. Si dijera estas reflexiones a alguien conocido seguramente lo tomaría a personal y no podría concentrarse en las apreciaciones en si. Entonces todo el rollo no serviría de nada y simplemente dirían “este es otro más de sus rollos aburridos, da igual” y el caso es que no da igual. Precisamente por eso es que las cosas nunca cambian, porque siempre decimos que las cosas que preocupan a los demás dan igual. Si hay hambre en Africa, da igual porque a mi eso no me compete. Si hay empleadores explotadores, da igual, porque yo estoy cómoda con el trabajo que tengo. Si mi madre me necesita para charlar un rato y echar una partida de cartas, da igual porque yo estoy muy ocupada arreglándome para tratar de ligarme a un personajillo que seguramente sólo me busca para follar. Al final resulta que lo único que cuenta es lo que yo necesito, lo que yo quiero y lo que yo hago. Yo, yo, yo, yo y siempre yo. Y después nos preguntamos por qué estamos tan solos…

Disclulpame por la rudeza de algunas de mis palabras, este discurso no va por ti ni porque te crea egoista. No, no es eso, sólo reflexiono basándome en esas cosas que a veces digo y que luego lamento. El problema no son los demás, sino nosotros mismos, es por eso que para el resto del mundo nosotros también formamos parte de “los demás” ¡yo también soy parte del problema! Esas son las cosas que deberíamos decir más, porque lo más importante a la hora de solucionar un problema es encontrar qué lo causa. No sólo eso, debemos aportar algo a la solución de ese problema.

El egoismo nos aisla. No hablo de ese egoismo de “no te presto mi lápiz” ni el de “no hago donaciones”. Hablo del egoismo de no darnos nosotros mismos, de guardarnos de los demás, del quedarse las sonrisas y los gestos amables para uno. Hablo del no pensar en los sentimientos de los demás y encerrarnos en nosotros mismos, de pensar que sólo nosotros tenemos problemas, y, en caso de reconocer que no somos los únicos que tenemos problemas, pensar que los nuestros siempre, siempre, son más grandes y por ello sólo nosotros debemos ser comprendidos. Hablo del egoismo de no dedicar tiempo a hacer reir a un ser querido, hablo de esas pequeñas cosas que pueden cambiarle el día a una persona que camina a tu lado, como agacharse para recoger una moneda que se le ha caido al que estaba esperando a que cambie el semáforo y devolversela con una sonrisa de propina. Hablo de ese egoismo, ese que hace que nos volvamos seres aislados y huraños. Si no compartimos nuestros sentimientos, cómo podremos recibir los de los demás.

La vida es como una relación de pareja, de hecho, es la relación de pareja más importante que tenemos. Para hacer crecer el amor hay que alimentarlo con pequeños gestos. Pues lo mismo para nuestro noviazgo con la vida. Si queremos sentirnos amados por ella entonces tenemos que mimarla y consentirla con detalles. Es como celebrar un cumpleaños, es tu aniversario de novios con la vida, es una ocasión de alegría y de regocijo porque están juntos y porque gracias a ello tienes la oportunidad de ver como con el tiempo se realizan tus sueños. Pues esa relación se alimenta todos los días con nuestra actitud ante quienes nos rodean. Si somos seres amables y generosos, recibiremos a cambio lo mismo y nos sentiremos dichosos de vivir. Tal vez así nos sintamos menos solos y comencemos a curar esa herida que todos llevamos en algún rincón del alma. Tal vez asi no nos sentiríamos tan sólos. Sólos no somos nadie, necesitamos de los demás para mostrarnos en nuestra plenitud.

En fin, querido alguien, esta carta es el producto de mis reflexiones. Quiero compartir contigo esto porque es una forma de abrirme a los demás, se que leerás esto y que te sentiras afectado de algún modo por ello. Espero de corazón que la sensación que te deje esta carta sea agradable y que esbozes una ronrisa al terminar de leerla, o, al menos que algo de lo que he escrito hasta ahora te deje pensando. Si no, esta nota no habrá tenido ningún sentido.

Recibe de mi parte un caluroso abrazo. Has de saber que te aprecio sólo por haber tomado parte de tu tiempo para fijarte en mis letras. Me despido de ti con cariño y deseo que el resto de tu día sea agradable. Sin más nada que decir por el momento te dejo una imágen mía. Soy la chica que se sienta en la colina a ver el ocaso, siempre con una sonrisa en los labios.

Atte.

Agatha.

© Agatha (2007)

Gracias por tu presencia

Hay dias que no son tan buenos, que quisiera que pasaran más rápido de lo normal, que me atacan con alguna tristeza o algún problema que me cuesta resolver. Son esos días los que se hacen largos y en los que la soledad parece fiel compañera, esa soledad buena a ratos pero enfermiza cuando se obsesiona conmigo. No me gusta estar sola, pero cada noche, como hoy, el silencio es mi compañia.

Sin darme cuenta, alguien ha entrado a mi cuarto. Me susurra en el oido y reconozco su voz, tu voz. Esa voz ausente que llega más allá de mis oidos, esa voz que me acompaña cada vez que estas aqui, me reconforta saberte cerca. De pronto ya no me siento sola. Y ¿cómo sentirme sola? Te sientas y me hablas de ti, escucho todo lo que me dices, a veces te apoyo y otras me parece que dices locuras, a veces me haces reir y otras enfadar, pero eso fortalece ese vinculo que nos une. Te respondo a lo que me preguntas y a veces a lo que no preguntas tambien. Sin duda algunas de las cosas que digo son un poco tontas, pero bueno… no todo en la vida es serio ¿no?

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