La inexistencia

Portada: Distopía de M.C. Carper.

Portada: Distopía de M.C. Carper.

Como os comenté en la entrada anterior dedicada a la Revista Digital miNatura, en este número he colaborado con dos relatos. Una vez más os dejo el enlace a la revista por si os la queréis descargar y leer también otros buenos relatos, todos girando en torno a las distopías: Revista digital miNatura 128

En esta ocasión el relato se titula La inexistencia. Distinto completamente del primer relato que os presenté (La inocencia), el texto nos lleva a un personaje que vive en un mundo en el que las mismas herramientas que un día se utilizaron para permitir a las personas el acceso a mayores fuentes de información, son utilizadas para coartar precisamente esa posibilidad de acceder al conocimiento.

Siempre está sobre la mesa el debate sobre los pros y contras del uso de la tecnología y del alcance cada vez mayor que ésta tiene. Cada vez más, somos personas ligadas por nexos virtuales y nuestra identidad va más allá de lo físico, para abarcar también un entorno en el que las fronteras no están delimitadas y cuyas implicaciones realmente desconocemos. ¿Hasta qué límites nos va a llevar este avance apresurado de tecnologías que apenas entendemos cómo funcionan? ¿Qué pasaría si esas mismas tecnologías son aprovechadas con fines inapropiados? El relato lleva estos planteamientos a un extremo, pero no deja de ser cierto que ya hoy en día se suceden situaciones que ponen sobre la mesa el hecho de que se debe tener cuidado con el uso que damos a elementos cotidianos y que a simple vista parecen inofensivos, pero, que en malas manos, pueden quitar el sueño a más de uno.

Espero que disfruten de la lectura.

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Relatos improbables de la ciudad antropomorfa

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Hace unos días terminé de leer este libro, que desde octubre del año pasado me ha acompañado en algunos viajes y casualmente sólo se ha dejado leer durante los mismos, sobre todo durante los trayectos en tren o en avión.

“Relatos improbables de la ciudad antropomorfa” es el primogénito de David Reche Espada, un autor y amigo con el que comparto el afecto por las letras, que ha tenido el acierto de lanzarse a la piscina con éste título y que hace poco ha publicado su segundo libro, el “Heroico catálogo de hazañas y estados de ánimo”.

El libro viene cargado con 24 relatos divididos en tres partes, las tres leyes de Newton, según me comentaba el autor hace unos días en una pequeña tertulia literaria, donde me explicaba que de algún modo tenía que rebelarse el ingeniero que acompaña al escritor para dejarse ver en el libro.

En la primera parte me gusta particularmente uno de los relatos, “Mortadela con aceitunas”,  texto que además tiene un pequeño fragmento que me viene de perlas para definir uno de los rasgos característicos de los textos de David:

“Y hasta aquí alcanzaría el relato si no fuera porque la realidad llega siempre más allá de donde queremos ver, y a veces son los pequeños detalles los que desembocan en actos que serán recordados en el tiempo, dejando una huella impredecible en su comienzo.”

Es justamente de allí de donde el autor saca sus retales de inspiración, de la realidad que él observa de un modo diferente, de los pequeños detalles que nos pasan desapercibidos, del canto de un pájaro o de una voz de un altoparlante de una estación de autobuses. Y es de allí también, de esos pequeños detalles, de donde desembocan sus letras, que dejan una huella en el lector que tiene la ocasión de detenerse en alguno de sus relatos.

De la segunda parte son muchos los relatos que resaltaría, pero en especial me guardaré tres, “Instrucciones para hacer tiempo”, “Historia de un gorrión” y “Miserable”. Los encuentro particularmente buenos, cada uno en su estilo, diferente y marcado, pero que transmiten sensaciones a quien lee con una facilidad pasmosa.

También en esta sección encontramos relatos que sorprenden y que hacen reir, pasamos de la reflexión a la calma y luego a la risa y a la sorpresa. Son muchos registros y todos bien gestionados, a los que llegamos por medio de una lectura ágil y fluida.

Pero para relato desternillante “Los mirlos tienen un secreto (La batalla de Gulliver)”, que se encuentra en la tercera parte, casi al final del libro. Simplemente no pude parar de reir al leerlo, lo encontré fresco e inesperado, me pilló completamente por sorpresa, así que de éste no os cuento nada, que no quiero desvelar yo ese secreto; es mejor dejar que el futuro lector lo descubra por si mismo.

En resumen es un libro cortito pero cargado de muchas sensaciones, de esos que cuando te apetece una lectura breve abres en cualquier página y encuentras un buen texto para desconectar del mundo por unos minutos. Respecto al autor diré que creo que tiene un don muy especial, y es que es capaz de tomar algo completamente común, invisible y ordinario, pasarlo por su prisma, darle su toque personal y convertirlo así en algo extraordinario.

A.

 

Y antes de terminar: Si queréis saber algo más sobre David Reche Espada, no dejéis de visitar su blog Relatos improbables, donde podréis disfrutar de muchos de sus textos y de otras tantas curiosidades que vale la pena repasar, sin olvidar su sección en la radio, que también podréis encontrar a través de su blog, así que os invito a pasaros por allí y a dejarse envolver por sus letras.

 

La inocencia

Portada: Distopía de M.C. Carper.

Portada: Distopía de M.C. Carper.

Una vez más he tenido el placer de colaborar con la Revista Digital miNatura. En esta ocasión y recién salido del horno os dejo el enlace para descargaros la revista dedicada a las distopías: Revista digital miNatura 128

Como ya es habitual también podéis disfrutar de los aportes de Pablo Martínez Burkett (El eclipse de Gyllene Draken) y de Carlos Díez (De entre las letras) entre otros tantos compañeros de escritura (Espero que para el próximo número vuelva al ruedo David Reche Espada con sus Relatos Improbables). De más está deciros que espero que disfrutéis de la lectura. De momento os dejo el primero de los dos relatos con los que participé en este número de la revista.

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Reloj de arena.

Hoy era la fecha límite para entregar el relato del próximo número de miNatura. El tema era Distopías y al final entre líneas y párrafos salieron dos relatos en vez de uno. Supongo que en cierto modo es una forma de reconciliarme con el número dedicado a las fobias, en el que muy a mi pesar no llegué a tiempo con las fechas.

Al enviar los relatos que afortunadamente terminé hoy recordé que tenía algo pendiente en el blog. Resulta que no os había dejado por aquí el texto que mandé a miNatura para el número dedicado a la alquimia, que saió hace unos meses ya y que también me dejó dos relatos: el primero que ya compartí con vosotros y que finalmente no envié porque se pasaba por mucho de las 25 lineas y este relato que os dejo hoy por aquí. Más vale tarde que nunca no? espero que lo disfruten:

Reloj de aren

Reloj de Arena

 

De qué estamos hechos, sino de tiempo. Somos lo que formamos con nuestro cúmulo de recuerdos, el resultado de decisiones tomadas, de rutas escogidas, de besos dados y besos negados.

Cuando nacemos no somos más que un nuevo contenedor de tiempo, ávido por colmarse de lo que le rodea: aprendemos las formas, los colores, los trazos con los que luego daremos nombre a lo que sentimos. Nuestra base es ancha y por eso el tiempo pasa más lento al principio, porque queda mucho sitio por ser llenado.

Gracias a la experiencia, poco a poco nos damos cuenta de que ese contenedor tiene un tope; entonces empezamos a vaciarlo. Olvidamos cosas; se desvanecen entre los dedos de la memoria nuestros primeros años y sólo evocamos aquello que nos dejó una huella. La decisión de qué conservar y qué dejar pasar es nuestra. A medida que tomamos consciencia de que tenemos la capacidad de escoger, empezamos a dar forma a nuestros recuerdos según se nos antoja. Nos obsesionamos con recordar y con olvidar, y en esa constante dualidad esculpimos el molde que nos define.

Así el tiempo pasa y nos forma. No somos cuerpos que habitan un planeta, ni entes estáticos ya configurados. Somos recipientes que se llenan poco a poco. A medida que avanzamos, el ritmo cambia y cada vez hay menos sitio para llenar, aunque son más los recuerdos que guardamos y no queremos extraviar. Cuando llegamos al borde del colapso, el vidrio que nos conforma en el exterior se quiebra y nos esparcimos como la escarcha en el océano, dejando atrás pequeños destellos en el tiempo compartido con otros.

Esas trazas brillantes son la arena que hemos transmutado en oro, la esencia de lo que somos depositada en los demás; trozos de nosotros mismos que llenan vacíos ajenos y que nos dan una razón de ser. Es así como, con la sencillez de un momento fugaz, se hilvana la linea dorada de la historia.

Reloj_de_arena© Agatha.