La Errante

PortadamiNatura129_sp_450_4Una vez más tengo el gusto de compartir un texto que forma parte de la revista digital miNatura. La Errante es un texto distinto a todo lo que he escrito hasta ahora, ha sido un ejercicio de creatividad muy interesante. Disfruté mucho escribiéndolo y ahora espero que vosotros disfrutéis de su lectura.

En esta ocasión, el número 129 de la revista está dedicado a la inmortalidad, un tema que se puede abordar desde muchísimos puntos de vista y que siempre despierta el interés. La Errante es sólo una de las tantas posibilidades de jugar con este tema y comparte cartel con piezas tan buenas como La claudicación de Parménides de Pablo Martínez Burquett y La tentación de la fugacidad de Carlos Díez, relato que me ha gustado especialmente y cuya lectura recomiendo.

Ahora os dejo solos para que podáis leer sin prisas.

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La inexistencia

Portada: Distopía de M.C. Carper.

Portada: Distopía de M.C. Carper.

Como os comenté en la entrada anterior dedicada a la Revista Digital miNatura, en este número he colaborado con dos relatos. Una vez más os dejo el enlace a la revista por si os la queréis descargar y leer también otros buenos relatos, todos girando en torno a las distopías: Revista digital miNatura 128

En esta ocasión el relato se titula La inexistencia. Distinto completamente del primer relato que os presenté (La inocencia), el texto nos lleva a un personaje que vive en un mundo en el que las mismas herramientas que un día se utilizaron para permitir a las personas el acceso a mayores fuentes de información, son utilizadas para coartar precisamente esa posibilidad de acceder al conocimiento.

Siempre está sobre la mesa el debate sobre los pros y contras del uso de la tecnología y del alcance cada vez mayor que ésta tiene. Cada vez más, somos personas ligadas por nexos virtuales y nuestra identidad va más allá de lo físico, para abarcar también un entorno en el que las fronteras no están delimitadas y cuyas implicaciones realmente desconocemos. ¿Hasta qué límites nos va a llevar este avance apresurado de tecnologías que apenas entendemos cómo funcionan? ¿Qué pasaría si esas mismas tecnologías son aprovechadas con fines inapropiados? El relato lleva estos planteamientos a un extremo, pero no deja de ser cierto que ya hoy en día se suceden situaciones que ponen sobre la mesa el hecho de que se debe tener cuidado con el uso que damos a elementos cotidianos y que a simple vista parecen inofensivos, pero, que en malas manos, pueden quitar el sueño a más de uno.

Espero que disfruten de la lectura.

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La inocencia

Portada: Distopía de M.C. Carper.

Portada: Distopía de M.C. Carper.

Una vez más he tenido el placer de colaborar con la Revista Digital miNatura. En esta ocasión y recién salido del horno os dejo el enlace para descargaros la revista dedicada a las distopías: Revista digital miNatura 128

Como ya es habitual también podéis disfrutar de los aportes de Pablo Martínez Burkett (El eclipse de Gyllene Draken) y de Carlos Díez (De entre las letras) entre otros tantos compañeros de escritura (Espero que para el próximo número vuelva al ruedo David Reche Espada con sus Relatos Improbables). De más está deciros que espero que disfrutéis de la lectura. De momento os dejo el primero de los dos relatos con los que participé en este número de la revista.

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Reloj de arena.

Hoy era la fecha límite para entregar el relato del próximo número de miNatura. El tema era Distopías y al final entre líneas y párrafos salieron dos relatos en vez de uno. Supongo que en cierto modo es una forma de reconciliarme con el número dedicado a las fobias, en el que muy a mi pesar no llegué a tiempo con las fechas.

Al enviar los relatos que afortunadamente terminé hoy recordé que tenía algo pendiente en el blog. Resulta que no os había dejado por aquí el texto que mandé a miNatura para el número dedicado a la alquimia, que saió hace unos meses ya y que también me dejó dos relatos: el primero que ya compartí con vosotros y que finalmente no envié porque se pasaba por mucho de las 25 lineas y este relato que os dejo hoy por aquí. Más vale tarde que nunca no? espero que lo disfruten:

Reloj de aren

Reloj de Arena

 

De qué estamos hechos, sino de tiempo. Somos lo que formamos con nuestro cúmulo de recuerdos, el resultado de decisiones tomadas, de rutas escogidas, de besos dados y besos negados.

Cuando nacemos no somos más que un nuevo contenedor de tiempo, ávido por colmarse de lo que le rodea: aprendemos las formas, los colores, los trazos con los que luego daremos nombre a lo que sentimos. Nuestra base es ancha y por eso el tiempo pasa más lento al principio, porque queda mucho sitio por ser llenado.

Gracias a la experiencia, poco a poco nos damos cuenta de que ese contenedor tiene un tope; entonces empezamos a vaciarlo. Olvidamos cosas; se desvanecen entre los dedos de la memoria nuestros primeros años y sólo evocamos aquello que nos dejó una huella. La decisión de qué conservar y qué dejar pasar es nuestra. A medida que tomamos consciencia de que tenemos la capacidad de escoger, empezamos a dar forma a nuestros recuerdos según se nos antoja. Nos obsesionamos con recordar y con olvidar, y en esa constante dualidad esculpimos el molde que nos define.

Así el tiempo pasa y nos forma. No somos cuerpos que habitan un planeta, ni entes estáticos ya configurados. Somos recipientes que se llenan poco a poco. A medida que avanzamos, el ritmo cambia y cada vez hay menos sitio para llenar, aunque son más los recuerdos que guardamos y no queremos extraviar. Cuando llegamos al borde del colapso, el vidrio que nos conforma en el exterior se quiebra y nos esparcimos como la escarcha en el océano, dejando atrás pequeños destellos en el tiempo compartido con otros.

Esas trazas brillantes son la arena que hemos transmutado en oro, la esencia de lo que somos depositada en los demás; trozos de nosotros mismos que llenan vacíos ajenos y que nos dan una razón de ser. Es así como, con la sencillez de un momento fugaz, se hilvana la linea dorada de la historia.

Reloj_de_arena© Agatha.

La fuente de la eterna juventud.

Después de su larga carrera como químico, cosechando grandes satisfacciones dentro del mundo de la investigación, Victoriano seguía detrás del motivo que le había llevado a escoger aquella disciplina por encima de las otras ciencias puras. Aquella noche había completado la fórmula que le daría el triunfo definitivo en el campo, el colofón a una carrera fructífera y exitosa. Se regodeaba pensando en las posibilidades de aquél hallazgo, en las puertas que se abrirían para él. El Nobel no sería más que una pequeñez comparado con el reconocimiento del mundo. Se sentía desfallecer de la emoción, aquellos que pensaban que ni tan siquiera se acercaría a aquel imposible le mirarían pasar junto a ellos boquiabiertos, presas de la admiración y la envidia. Miles querrian disfrutar de las bondades y las maravillas de su hallazgo.

Sabía que para obtener lo que anhelaba debía entregar algo de igual valor. No en vano había sacrificado los últimos años preparando su cuerpo para el momento definitivo. Inyecciones, tratamientos dolorosos y los claros síntomas de envejecimiento prematuro a causa del agotamiento físico y mental le habían transformado en el candidato ideal (el único) para dar aquél salto. El sacrificio había sido grande y la recompensa lo sería aún más. Todo estaba listo; aquella era la noche señalada.

Se dispuso en la cama que tenía instalada en su laboratorio, la misma que hasta ahora le había servido para no tener que salir de esas cuatro paredes abarrotadas de instrumentos, materiales y sustancias más que para recibir algún galardón (las únicas invitaciones que jamás rechazaba) y dejó que el suero se mezclara lentamente con su sangre a través del catéter.

Se dió cuenta de que el experimento funcionaba. Su piel empezó a recuperar color y tersura, las arrugas remitían y las manchas típicas de la edad se difuminaban; su vista recuperaba la nitidez y los sonidos le llegaban con más claridad. Pero antes de que la sonrisa triunfal se dibujara en su rostro, sus ojos se abrieron de par en par y una mueca de horror le bañó la faz. Algo iba mal.

Se desmayó. En ese inconsciente profundo en el que cayó preso se vió a si mismo de pie, circundado por un espacio infinito. El laboratorio se diluyó y sus recuerdos comenzaron a evaporarse ante su mirada estupefacta. Los títulos y los reconocimientos caían de lo alto estrellándose en un suelo invisible y partiéndose en añicos. Sus investigaciones ardieron y entre volutas de humo estiraba los brazos intentando alcanzar algo de lo que estaba perdiendo, pero lo único que conseguía era remover el humo y esparcir las cenizas por los alrededores. Justo antes de olvidar el objeto de todo aquello, en un instante fugaz entendió que el tiempo era lo único con suficiente valor para ofrecer a cambio de tiempo. El conocimiento y la experiencia adquirida con tanto esfuerzo se alejaban como los pétalos de un diente de león que él mismo había soplado. Ya no quedaba casi nada; lo último que vio fue su propio rostro desvaneciéndose como escarcha en el viento de un ocaso eterno.

Al día siguiente el celador del laboratorio halló a un bebé de apenas unos días llorando desesperadamente bajo las ropas de Victoriano. Los servicios sociales se hicieron cargo del niño al ver que nadie le reclamaba. Nunca se sabría lo que allí había acontecido.

© Agatha.

Simulacrum

Simulacrum es el nombre que lleva el relato con el que he inaugurado mi participación en la revista MiNatura, donde también podréis encontrar relatos de otros amigos, entre ellos Pablo Martínez Burquett, autor de Forjador de Penumbras y Carlos Díez, que espero pronto nos permita deleitarnos con sus letras. La revista podéis descargarla aquí y podéis encontrarla en inglés y en español.

En esta edición el tema de la revista era “Ángeles y demonios”. La próxima edición girará en torno a la “Alquimia” y pronto saldrá en pdf para descargarla. Y ya estoy pensando en el siguiente tema… Fobias.
Por lo pronto os comento que pronto dejaré por aquí uno de los relatos que surgieron en torno a la alquimia, que no aparecerá en la revista porque los relatos para la revista tienen un límite de 25 lineas y en este caso se me pasaban por mucho, pero me gustó el resultado y no quise cortarlo. Así que lo dejé apartado para aprovecharlo para el blog. También os dejaré la propuesta de Simulacrum en inglés (se aceptan todas las críticas para mejorar la traducción).
Disfruten de la lectura.
simulacrum

Simulacrum

Soy un ser nocturno. Despreciable y oscuro, pero hermoso. Soy una brillante mezcla de perfección y crueldad. Me alimento de sentimientos, jugosos y dulces sentimientos de pobres ingenuos que caen rendidos a mis encantos.

Mi forma: la que prefieras. Soy aquello que tus ojos desean ver. Lo que más disfruto es la ceguera selectiva de quienes se obsesionan con encontrar el amor. Esos son los más divertidos cuando llega el momento de destrozarlos. Cuanto más me aman, más me entretengo dejándoles sin nada más que un frío vacío interior al verse privados de mi.

Generalmente se suicidan. Para mi es un gran espectáculo. Los ves ahí, llorando desconsoladamente, pensando mil veces en los motivos por los que les he abandonado, con el rostro hundido entre las rodillas y los ojos hinchados. ¡Qué patética visión! No son más que simples y asquerosas criaturas incapaces de ser seres completos; repugnantes parásitos, gorrones inútiles que cargan el peso de su felicidad en los demás. Merecen su dolor, merecen ser despojados de todo, y yo disfruto arrancándoles lentamente el alma sin ningún tipo de piedad; esa es mi especialidad.

Vosotros no sois más que nuestros juguetes. Nos colgamos medallas cada vez que logramos un colapso. Es delicioso percibir cómo se escapa el último suspiro de unos labios moribundos que han escogido su hora. Es maravilloso ver cómo la desesperación os invade, y el modo en que os lanzáis determinados a las muertes más cruentas y desgarradoras, mientras os preguntáis cómo se puede sufrir tanto, suplicando entre espasmos por una respuesta.

Desengáñate amigo, el cielo no existe; nosotros nos divertimos a vuestras expensas viendo cómo nos llamáis ángeles. Ahora, querido, ya puedes dejar de retorcerte de dolor y morir en paz, no tengo nada más que arrancarte. La fe era lo único que te quedaba.

© Agatha

(*)La ilustración también la podéis encontrar en la revista, es de Javier Charro y se titula “Fallen”. Está en la pág. 38. Personalmente es de mis favoritas.