Palabras II – Magia

Magia:

Hace un par de semanas fui hasta el parque. Es un parque precioso, verde, fresco, plagado de pequeñas flores y de aves que acompañan con su canto. El verdor y la frescura de ese lugar se debe a que un río de aguas cristalinas baña la tierra y la limpia de las inclemencias del hombre, que se empeña en moldearlo todo a su antojo, sin pararse a pensar en el equilibrio del mundo y de los seres que en él habitan..

Cuando me dirigía al parque dejé atrás las aceras de concreto y las calles mecánicamente rectas y, poco a poco, dejándome llevar por mis pies, me acerqué al suave serpenteo del agua que acariciaba las rocas, los árboles y la tierra que la acunaba. Entonces mi cuerpo dejó de ser sólo mío y pasó a ser una pequeña parte de ese entorno perfecto que me rodeaba y me invitaba a relajarme.

Mientras caminaba, mi cuerpo dejaba su grisaceo color atrás, junto a la selva de concreto de donde venía, la selva repleta de grises mates y brillantes, claros y oscuros, fríos y cálidos, pero todos ellos grises tristes y separados unos de otros, como las personas, que lentamente y sin percibirlo, se contagian de esa tristeza, se vuelven opacos y se aislan de todos en sus pequeños mundos de concreto. Entonces olvidan que forman parte de un mundo mucho más grande que está lleno de colores, donde el gris deja de ser triste porque no está sólo. Olvidan que fuera de sus cuadrados entornos hay algo más que otras paredes.

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