Palabras IV – Conformismo

Y te piensas que sales a flote despues de tanto nadar. Nadar, nadar, nadar, es lo único que haces para surgir de las profundidades del abismo y cuando al fin llegas arriba una mano negra y pesada empuja tu cabeza hasta el fondo.

No puedes luchar, no importa lo bien que sepas nadar. La maldita mano se encapricha contigo y se divierte con tus espasmódicos movimientos, disfruta sintiendo como intentas zafarte de su abrazo mortífero. Sientes la presión en el cuerpo, la falta de aire en los pulmones y la impotencia es la única sensación que te queda en el baúl. No hay salida, sabes que sucumbirás por mucho que lo intentes y es entonces cuando relajas tus músculos y dejas que la costumbre se apodere de ti.

Sólo te queda esperar hundido a que el reloj marque el segundo final.

© Agatha (2008) 

Palabras III – Rutina

Rutina:

8:00 am – Suena el despertador.

Mi mano intenta a ciegas dar en el blanco y detener ese chirriante sonido que no me deja en paz. Abro los ojos a la fuerza y me incorporo sólo lo suficiente como para apagar el despertador. Miro al techo mientras mi cuerpo se prepara para levantarse de la cama y desprenderse del calorcito que se esconde bajo las sábanas. Es una mañana de otoño, como todas las demás. Llueve al otro lado de la ventana y el clima ya no es dulce como lo fue en verano.

Mi blanco techo me deja la mente del mismo color, intento prolongar los “cinco minutos más” y me acurruco entre la mullida manta. Pero mis cinco minutos se acaban y debo salir de mi acolchada crisálida para comenzar el día. Menuda mariposa soy: despeinada, con cara de espanto, un par de grises ojeras bajo los verdes ojos y esa maldita espinilla que siempre aparece en el peor momento. Mejor no seguir mirando que me gasto.

8:30 am – Tomo una ducha.
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