Reloj de arena.

Hoy era la fecha límite para entregar el relato del próximo número de miNatura. El tema era Distopías y al final entre líneas y párrafos salieron dos relatos en vez de uno. Supongo que en cierto modo es una forma de reconciliarme con el número dedicado a las fobias, en el que muy a mi pesar no llegué a tiempo con las fechas.

Al enviar los relatos que afortunadamente terminé hoy recordé que tenía algo pendiente en el blog. Resulta que no os había dejado por aquí el texto que mandé a miNatura para el número dedicado a la alquimia, que saió hace unos meses ya y que también me dejó dos relatos: el primero que ya compartí con vosotros y que finalmente no envié porque se pasaba por mucho de las 25 lineas y este relato que os dejo hoy por aquí. Más vale tarde que nunca no? espero que lo disfruten:

Reloj de aren

Reloj de Arena

 

De qué estamos hechos, sino de tiempo. Somos lo que formamos con nuestro cúmulo de recuerdos, el resultado de decisiones tomadas, de rutas escogidas, de besos dados y besos negados.

Cuando nacemos no somos más que un nuevo contenedor de tiempo, ávido por colmarse de lo que le rodea: aprendemos las formas, los colores, los trazos con los que luego daremos nombre a lo que sentimos. Nuestra base es ancha y por eso el tiempo pasa más lento al principio, porque queda mucho sitio por ser llenado.

Gracias a la experiencia, poco a poco nos damos cuenta de que ese contenedor tiene un tope; entonces empezamos a vaciarlo. Olvidamos cosas; se desvanecen entre los dedos de la memoria nuestros primeros años y sólo evocamos aquello que nos dejó una huella. La decisión de qué conservar y qué dejar pasar es nuestra. A medida que tomamos consciencia de que tenemos la capacidad de escoger, empezamos a dar forma a nuestros recuerdos según se nos antoja. Nos obsesionamos con recordar y con olvidar, y en esa constante dualidad esculpimos el molde que nos define.

Así el tiempo pasa y nos forma. No somos cuerpos que habitan un planeta, ni entes estáticos ya configurados. Somos recipientes que se llenan poco a poco. A medida que avanzamos, el ritmo cambia y cada vez hay menos sitio para llenar, aunque son más los recuerdos que guardamos y no queremos extraviar. Cuando llegamos al borde del colapso, el vidrio que nos conforma en el exterior se quiebra y nos esparcimos como la escarcha en el océano, dejando atrás pequeños destellos en el tiempo compartido con otros.

Esas trazas brillantes son la arena que hemos transmutado en oro, la esencia de lo que somos depositada en los demás; trozos de nosotros mismos que llenan vacíos ajenos y que nos dan una razón de ser. Es así como, con la sencillez de un momento fugaz, se hilvana la linea dorada de la historia.

Reloj_de_arena© Agatha.

La fuente de la eterna juventud.

Después de su larga carrera como químico, cosechando grandes satisfacciones dentro del mundo de la investigación, Victoriano seguía detrás del motivo que le había llevado a escoger aquella disciplina por encima de las otras ciencias puras. Aquella noche había completado la fórmula que le daría el triunfo definitivo en el campo, el colofón a una carrera fructífera y exitosa. Se regodeaba pensando en las posibilidades de aquél hallazgo, en las puertas que se abrirían para él. El Nobel no sería más que una pequeñez comparado con el reconocimiento del mundo. Se sentía desfallecer de la emoción, aquellos que pensaban que ni tan siquiera se acercaría a aquel imposible le mirarían pasar junto a ellos boquiabiertos, presas de la admiración y la envidia. Miles querrian disfrutar de las bondades y las maravillas de su hallazgo.

Sabía que para obtener lo que anhelaba debía entregar algo de igual valor. No en vano había sacrificado los últimos años preparando su cuerpo para el momento definitivo. Inyecciones, tratamientos dolorosos y los claros síntomas de envejecimiento prematuro a causa del agotamiento físico y mental le habían transformado en el candidato ideal (el único) para dar aquél salto. El sacrificio había sido grande y la recompensa lo sería aún más. Todo estaba listo; aquella era la noche señalada.

Se dispuso en la cama que tenía instalada en su laboratorio, la misma que hasta ahora le había servido para no tener que salir de esas cuatro paredes abarrotadas de instrumentos, materiales y sustancias más que para recibir algún galardón (las únicas invitaciones que jamás rechazaba) y dejó que el suero se mezclara lentamente con su sangre a través del catéter.

Se dió cuenta de que el experimento funcionaba. Su piel empezó a recuperar color y tersura, las arrugas remitían y las manchas típicas de la edad se difuminaban; su vista recuperaba la nitidez y los sonidos le llegaban con más claridad. Pero antes de que la sonrisa triunfal se dibujara en su rostro, sus ojos se abrieron de par en par y una mueca de horror le bañó la faz. Algo iba mal.

Se desmayó. En ese inconsciente profundo en el que cayó preso se vió a si mismo de pie, circundado por un espacio infinito. El laboratorio se diluyó y sus recuerdos comenzaron a evaporarse ante su mirada estupefacta. Los títulos y los reconocimientos caían de lo alto estrellándose en un suelo invisible y partiéndose en añicos. Sus investigaciones ardieron y entre volutas de humo estiraba los brazos intentando alcanzar algo de lo que estaba perdiendo, pero lo único que conseguía era remover el humo y esparcir las cenizas por los alrededores. Justo antes de olvidar el objeto de todo aquello, en un instante fugaz entendió que el tiempo era lo único con suficiente valor para ofrecer a cambio de tiempo. El conocimiento y la experiencia adquirida con tanto esfuerzo se alejaban como los pétalos de un diente de león que él mismo había soplado. Ya no quedaba casi nada; lo último que vio fue su propio rostro desvaneciéndose como escarcha en el viento de un ocaso eterno.

Al día siguiente el celador del laboratorio halló a un bebé de apenas unos días llorando desesperadamente bajo las ropas de Victoriano. Los servicios sociales se hicieron cargo del niño al ver que nadie le reclamaba. Nunca se sabría lo que allí había acontecido.

© Agatha.

Simulacrum

Simulacrum es el nombre que lleva el relato con el que he inaugurado mi participación en la revista MiNatura, donde también podréis encontrar relatos de otros amigos, entre ellos Pablo Martínez Burquett, autor de Forjador de Penumbras y Carlos Díez, que espero pronto nos permita deleitarnos con sus letras. La revista podéis descargarla aquí y podéis encontrarla en inglés y en español.

En esta edición el tema de la revista era «Ángeles y demonios». La próxima edición girará en torno a la «Alquimia» y pronto saldrá en pdf para descargarla. Y ya estoy pensando en el siguiente tema… Fobias.
Por lo pronto os comento que pronto dejaré por aquí uno de los relatos que surgieron en torno a la alquimia, que no aparecerá en la revista porque los relatos para la revista tienen un límite de 25 lineas y en este caso se me pasaban por mucho, pero me gustó el resultado y no quise cortarlo. Así que lo dejé apartado para aprovecharlo para el blog. También os dejaré la propuesta de Simulacrum en inglés (se aceptan todas las críticas para mejorar la traducción).
Disfruten de la lectura.
simulacrum

Simulacrum

Soy un ser nocturno. Despreciable y oscuro, pero hermoso. Soy una brillante mezcla de perfección y crueldad. Me alimento de sentimientos, jugosos y dulces sentimientos de pobres ingenuos que caen rendidos a mis encantos.

Mi forma: la que prefieras. Soy aquello que tus ojos desean ver. Lo que más disfruto es la ceguera selectiva de quienes se obsesionan con encontrar el amor. Esos son los más divertidos cuando llega el momento de destrozarlos. Cuanto más me aman, más me entretengo dejándoles sin nada más que un frío vacío interior al verse privados de mi.

Generalmente se suicidan. Para mi es un gran espectáculo. Los ves ahí, llorando desconsoladamente, pensando mil veces en los motivos por los que les he abandonado, con el rostro hundido entre las rodillas y los ojos hinchados. ¡Qué patética visión! No son más que simples y asquerosas criaturas incapaces de ser seres completos; repugnantes parásitos, gorrones inútiles que cargan el peso de su felicidad en los demás. Merecen su dolor, merecen ser despojados de todo, y yo disfruto arrancándoles lentamente el alma sin ningún tipo de piedad; esa es mi especialidad.

Vosotros no sois más que nuestros juguetes. Nos colgamos medallas cada vez que logramos un colapso. Es delicioso percibir cómo se escapa el último suspiro de unos labios moribundos que han escogido su hora. Es maravilloso ver cómo la desesperación os invade, y el modo en que os lanzáis determinados a las muertes más cruentas y desgarradoras, mientras os preguntáis cómo se puede sufrir tanto, suplicando entre espasmos por una respuesta.

Desengáñate amigo, el cielo no existe; nosotros nos divertimos a vuestras expensas viendo cómo nos llamáis ángeles. Ahora, querido, ya puedes dejar de retorcerte de dolor y morir en paz, no tengo nada más que arrancarte. La fe era lo único que te quedaba.

© Agatha

(*)La ilustración también la podéis encontrar en la revista, es de Javier Charro y se titula «Fallen». Está en la pág. 38. Personalmente es de mis favoritas.

Ángel de porcelana

Y restos de lágrimas en las mejillas (*) dibujaban surcos negros en su pálido rostro. Su cuerpo inerte resplandecía cual macabro ángel de porcelana sobre aquellas sábanas de satén; las mismas donde, hacía apenas unas horas, ella le había descubierto surcando otras curvas, idénticas a las suyas.

Decidió darse un baño de sales aromáticas, exfolió su piel y se peinó para la ocasión. Se maquilló y se puso lencería nueva. Cuidó cada detalle. Así le esperó, tendida en su cama y atiborrada de pastillas.

Cuando él llegó ya no había nada que hacer. Aquel fue un regalo de aniversario inolvidable.

angel_porcelana

© Agatha (03/2013)

(*) Frase del concurso Relatos en cadena de Cadena SER con la que debían comenzar los relatos participantes de la semana del 14/03/13

Kundera y los posos del alma

kundera

Con un estilo que parece abofetear al lector, es imposible pasar de lado ante este autor. Directo, franco y a veces incluso repelente, Kundera se pasea por los fondos de lo que conforma la estructura de la personalidad y remueve los posos que se depositan allí a lo largo del trayecto, a medida que las experiencias van dejando restos en nuestra configuración personal.

Las experiencias son como un cúmulo de partículas, una piedra arenisca lanzada a una piscina, que al deshacerse se filtra en su mayoría, dejando dos tipos de resto. Uno, las partículas ligeras y brilantes que flotan delicadamente en la superficie del agua; el esbozo de la experiencia que contamos a los demás, con el que estamos a gusto y cómodos y que puede verse a simple vista. El otro vestigio es el poso que cae al fondo de la piscina. Partículas también muy pequeñas que quedan depositadas en el fondo tras el filtrado; lo que guardamos para nosotros de las cosas que vivimos, lo que no contamos, lo que callamos. A veces duele y otras simplemente no sabemos que esa arenilla está allí hasta que alguien remueve con violencia el agua y las partículas de la superficie se encuentran con las del fondo. Entonces, en esa confluencia las emociones se manifiestan y no podemos evitar abrir los ojos bajo el agua, para ver el fondo y ver en ese torbellino de posos una parte oculta de lo que somos.

Kundera es la mano que chapotea con violencia en esas aguas calmas que nos mantienen a flote, nos salpica los ojos en su chapotear y nos arranca de ese estado de equilibrio en el que nos dejamos llevar sorteando grácilmente la superficie de las ondas, en horizontal, para rozar sólo esa arenilla brillante y ligera que dota de un brillo ocre el agua que nos aisla del mundo y en la que nos sentimos cómodos. Tras ese estruendo acuático, luego de la brusca interrupción del casi adormecimiento de nuestra conformidad, nos revolvemos, perdemos la horizontalidad y nos hundimos torpemente; sentimos el contraste de temperaturas al sumergir el cuerpo entero en el agua y, con nuestros movimientos desordenados azuzamos el revolotear del poso de nuestras almas.

La única forma de librarnos de los posos es utilizar un tamiz muy fino, remover el fondo, y salir del estado de comodidad en el que nos sumimos cuando encontramos que rebuscar en nuestro interior es doloroso, porque nos encontramos con esa visión de nosotros mismos que nos pertenece sólo a nosotros y que a veces sentimos que es mejor dejar encerrada en la caja de Pandora. Una vez filtrados los restos ocultos de las experiencias es cuando tenemos la mirada limpia debajo del agua y nos reconocemos falibles, frágiles, insensatos, crueles, duros, serenos; imperfectos… auténticos. Entonces nos quitamos un peso de encima y nos miramos con mejores ojos.

Kundera no es más que la cerilla, nosotros somos el viento que atiza nuestro fuego interior.

A.

De lecturas nocturnas

lecturas_nocturnas

Así estoy, como las últimas noches, con los ojos como platos metida en alguna lectura, navegando por internet, viendo alguna serie o intentando escribir. Así, acabo durmiendo a las tantas de la mañana y no hay forma de regular el sueño…

Ante este panorama aprovecho bien las noches en lugar de esperar a que el sueño me visite. Hoy empecé a leer por fin «Los renglones torcidos de Dios» de Torcuato Luca de Tena. Ha sido comenzar a leer y no poder parar. Es un libro muy interesante, en el que se nos muestra a una protagonista brillante dentro de un manicomio, o un «Sanatorio psiquiátrico», como el doctor Ruipérez prefiere llamarle a la institución donde Alice Gould es ingresada.

Alice Gould (Alicia una vez recluída) resulta ser un personaje de una inteligencia extrema, al punto de llevarte a dudar de si está o no enferma. Dice ser una detective que investiga un caso que se le ha encomendado y que ha tenido que buscar su ingreso al centro para poder llevar a cabo dicha investigación. En lo poco que llevo leído la encuentro absolutamente fascinante; uno de esos personajes que dejan una impresión en el lector. Y así estoy, enganchada al libro y a esta intrigante mujer, con la que nos adentramos en el sanatorio y descubrimos a una retahila de personajes enfermos, con dolencias variopintas y trastornos tan variados como se pueden encontrar en un recinto de tales características (lo que el autor nos muestra como, precisamente, los renglones torcidos de Dios).

Para escribir este libro, Luca de Tena estuvo recluído en un psiquiátrico durante 18 días para conocer más sobre este mundo desde dentro, haciéndose pasar por depresivo. Sin duda es un dato interesante que llama a la lectura de este libro, junto a la extensa documentación en psiquiatría que se procuró el autor para dar verosimilitud a la historia y hacer personajes completamente creíbles y con patologías bien definidas. Aunque no se entienda absolutamente nada de psiquiatría (como es mi caso), resulta muy interesante acercarse a un libro en el que se ha puesto tanto cuidado por los detalles.

Por ahora me retiro a leer un poco más y a intentar dormir, que ya son horas de abrazar a Morfeo. Como despedida os dejo un fragmento que en estos momentos encuentro muy apropiado para describir la sensación que me deja este trasnochar mío que tantas noches me mantiene en vela y que por azar, he encontrado muy bien descrita en entre las páginas que a estas horas me acompañan:

Alicia deseaba dormir para estar lúcida y despejada a la mañana siguiente. Mas entre el querer y el poder media un abismo. Estaba físicamente cansada, pero su mente no cesaba un punto de maquinar y ese galán esquivo que era el descanso parecía haber renunciado definitivamente a visitarla.

A.