Superheroes cotidianos (RE10P)

Después de unas semanas de muchísimo trabajo, sigo publicando mis relatos del reto. Aunque no he tenido tiempo para preparar las entradas para el blog, sí he continuado con la escritura de los relatos cada día, por lo que el reto sigue en pie.

Este ha sido un relato difícil pero entretenido, que me ha hecho salirme de mis temas habituales para hacer que los pasos tuvieran sentido dentro del texto. ¡Espero que os guste!

Todos los relatos en 10 pasos.

Los 10 pasos de hoy:

Muy pronto os dejo los pdf de las páginas escritas a mano, que el escáner no me va bien estos días. Por ahora, os dejo el relato transcrito (y con un repaso mínimo para adecentar) aquí:

Superheroes cotidianos

—¡Abre la maldita caja! —le espetó Julián a Marcos— ¡que no tenemos todo el día! —¡Ya voy, hombre!, ¡joder con las prisas! Desde luego, Marcos se pensaría dos veces si volver a ayudar a Julián con una mudanza. La ruptura con María lo había afectado mucho y la única manera que tenía de gestionarlo era pasarse el día enfadado con el mundo. Marcos lo sabía bien, a fin de cuentas era su hermano y esta era la tercera vez que Julián pasaba por una ruptura, aunque en esta ocasión no fue su culpa. María lo había engañado con el vecino de enfrente, así que Julián prefirió marcharse él del piso, para evitar cruzarse con ellos en el ascensor o los pasillos. Ya en el piso de Marcos, Julián se calmó un poco. Ahí se notaba más el frío, la calefacción llevaba dos días estropeada y el técnico no daba con el fallo. Marcos cogió unas mantas para abrigar la cama del perro, que Julián también se trajo consigo, y se instalaron en el sofá a ver una película y dejar pasar el tiempo, a ver si mejoraba un poco el humor en el piso. Como no había nada interesante en la tele, Marcos sacó del estante una serie. Se decantaron por Heroes, pues Julián aún no la había visto. —Joder… qué envidia, tío. Mira que me gustaría a mí poder volar como el figuras ese —se quejaba Julián. —¿Y para qué ibas a querer volar tú? —le dijo Marcos. —Pues para no tener que comerme el puto tráfico de Madrid, anda que no molaría. —Pues sí… Siguieron viendo la serie hasta que cayeron dormidos. Marcos se despertó con un dolor de espalda tremendo por la mala postura y se fue a los cines Doré, donde trabajaba los fines de semana poniendo los subtítulos a las películas y revisando que fueran a la velocidad correcta. Después de la segunda sesión, cuando quiso levantarse vio que tenía la pierna dormida y recordó la conversación absurda que había tenido con su hermano. “Volar… molaría, sí” y un destello de luz lo cegó por un instante. Cuando pudo ver de nuevo notaba que todo estaba un poco más lejos de lo habitual y se sintió muy ligero. Parecía flotar en el aire. Miró al suelo y se dio cuenta de que sus pies no lo tocaban, pero él estaba de pie. “¡Estoy volando!” exclamó asombrado y asustado. Inmediatamente cayó al suelo y tras un instante de confusión se dijo a sí mismo que aquello no podía ser cierto. Se fue a casa y al querer subir vio que unos vecinos estaban cargando la compra. El ascensor era estrecho, así que decidió esperar en planta baja. “Y si…” pensó. Miró hacia arriba por el hueco de las escaleras y se preguntó si lo que había pasado en el cine sería cierto. Entonces sucedió lo impensable, sus pies volvieron a separarse del suelo y empezó a flotar en el aire. Marcos no lo podía creer, estaba flotando, pero ¿podría volar? Miró hacia arriba, convencido de que podría y comenzó a elevarse, subiendo planta a planta por el hueco del pasillo sin tocar las barandillas ni el suelo. La sensación era increíble. Pero, cuando estaba a punto de llegar al quinto, se puso nervioso y notó cómo perdía impulso. Al ver que no llegaba, se cogió de la barandilla y el pánico hizo que se desplomara contra el suelo. Entonces despertó. Julián lo había tirado del sofá para despertarlo. Aún había cosas que ordenar de la mudanza. Entraron en el cuarto vacío y empezaron a guardar la ropa y las cosas de Julián, pues viviría allí una temporada. —La perdí hace mucho tiempo —confesó a su hermano— pero no quise verlo. Me aferré tanto a la idea de que esta vez todo saldría bien, que cerré los ojos a la realidad. —Tranquilo, tío, no estás solo —dijo Marcos para intentar reconfortarlo. —Claro que estoy solo, muy solo… —musitaba Julián.—Ya no me queda nada… nada. Marcos intentaba ser un buen hermano, pero la actitud de Julián lo cargaba mucho. Se fue a la cocina a por agua y dejó a Julián solo. Al regresar a la habitación vio desde el pasillo como Julián se sacó los zapatos y se acercó a la ventana. Vio como la abría y cómo se impulsaba hacia fuera. Marcos, aterrorizado, lo llamó, tiró el vaso de agua, que se hizo añicos en el suelo y corrió hacia la ventana. Sin pensarlo se abalanzó hacia su hermano y cuando quizo darse cuenta estaba cayendo en picado también. —¿Qué…? ¿Cómo…? —balbuceó Julián, mientras trataba de entender cómo había caído de pie en el suelo sin siquiera hacerse daño en los tobillos. —Calla, gilipollas. ¡Y no vuelvas a darme un susto así! —le dijo Marcos mientras lo abrazaba.— Ahora, vamos a casa, que aún tenemos mucho que ordenar. —Julián lo miraba con estupefacción mientras lo seguía embobado.— Vas a salir de esta, y no estás solo, así que deja de comportarte como un puto llorón.

MJ. 02/01/2019

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