Una tarde en el faro (RE10P)

Este fue mi primer relato de 2019. Aunque me costó un poco encajar algunos de los pasos sin que me quedara raro, sobre todo el del final, me ha gustado el resultado final, aunque yo no soy objetiva del todo jajajaja ¿cómo lo véis vosotros?

Toda crítica es bienvenida, siempre que sea bien intencionada, por lo que estaré encantada de recibir vuestros comentarios. Las críticas son una gran fuente de aprendizaje, y a fin de cuentas, estos son ejercicios creativos, pensados para justamente mejorar, aprender y dejar rienda suelta a la imaginación con un punto de diversión.

Todos los relatos en 10 pasos.

Los 10 pasos de hoy:

Para los nostálgicos, os dejo los pdf de las páginas escritas a mano:

Y además, el relato transcrito (y con un repaso mínimo para adecentar) aquí:

Una tarde en el faro

Tuvo una infancia feliz, pero a los 17 años la tragedia tocó a su puerta. Dos agentes de policía con un rostro inexpresivo y solemne le dijeron que sus padres murieron en un accidente de tráfico.

A partir de entonces su vida cambió por completo. Durante seis meses se fue a vivir con la única tía que tenía, una mujer amargada y triste, desesperada porque quiere casarse, pero con un carácter que hacía imposible que se llevara bien con nadie. Se trataba de una mujer llena de prejuicios, mal encarada, que no dudaba en gritar al más mínimo detalle que no fuese de su agrado y anclada en un pasado en el que una mujer, cualquier mujer que no fuese ella, estaba equivocada y no podía hacer más que cumplir los deseos de un hombre.

Lo único que disfrutaba Lucía desde aquella tragedia, era pasar las tardes de los martes en el faro de su pueblo hablando con Nuria, la hija del farero. La tía de Lucía acudía cada martes a su cita ineludible con el club de los amantes del encaje de Camariñas y pasaba la tarde tejiendo.

Aquel martes, Lucía encontró la llave en el bolsillo de su chaqueta, junto a una nota con la letra de Nuria. “Te espero a las 15:00, deja sitio para el postre”.

Con la llave del faro en la mano y una emoción nueva en la boca del estómago, Lucía esperaba impaciente a que se fuese su tía para arreglarse y averiguar qué había preparado Nuria en el faro. A las tres menos cuarto se puso en marcha y a las tres abrió la puerta del faro. Subió un tramo de escaleras y vio un papel con una flecha que la invitaba seguir subiendo. Emocionada, Lucía llegó hasta lo más alto del faro, donde la esperaba Nuria, que llevaba un precioso vestido azul, sentada en la parte central de la sala, junto a dos bandejas con pasteles y pastas y dos servicios de té. Todo perfectamente ordenado y solo para dos.

Lucía se acercó a los pasteles y cogió uno.

—¡Dame eso! —exclamó Nuria—, aún no son las cinco.

—Es que se ven deliciosos, ¿ni siquiera me dejas probar?.

—No seas impaciente. Ven, siéntate conmigo y disfruta de las vistas.

Desde el faro las vistas eran maravillosas. El mar infinito les ofrecía mil tonalidades de azules a las chicas, que entre risas dejaban que el tiempo pasase sin prisa. Nuria sacó de su bolso un álbum de fotos que Lucía reconoció de inmediato.

—¡Dame eso! —le dijo Lucía en cuanto lo vio,— ¿qué haces con el álbum de mi madre?, ¿cómo lo encontraste?

—Hace una semana me colé en la bodega de tu tía, aprovechando que salió a hacer la compra y lo encontré en una caja.

—Pensé que se había perdido, no sabía que ella lo tuviera.

—Pues hay más —dijo Nuria, señalando una caja que estaba detrás de ella— ¿me enseñas lo que hay?

Lucía no pudo contener las lágrimas. Aquella caja era un mundo en miniatura donde estaban los pocos recuerdos físicos que le quedaban de su niñez y de sus padres. Por primera vez en seis meses se sintió rodeada del mismo ambiente hogareño que hasta hacía tan poco disfrutaba cada día. Lucía le enseñó a Nuria las fotos, los juguetes, los diarios, el cuaderno de recetas de su madre y el delantal de panadero de su padre, que otra cosa no sabía cocinar, pero el pan le salía delicioso.

Lucía abrió el libro de recetas y vio que la primera era de pastas de té. Miró incrédula Nuria y, como ya eran las cinco, probó una de las galletas de la bandeja. Eran iguales a las de su madre.

—Feliz cumpleaños, nena —dijo Nuria sujetando una foto entre sus manos.

—Pero… ¿Como…? —balbuceaba Lucía mientras la emoción la envolvía.

—He visto que en tu álbum hay una página vacía, ¿querrías cerrar ese capítulo con esta foto y empezar un nuevo álbum conmigo, en este faro?

Lucía solo pudo asentir, las lágrimas no la dejaban hablar. Echas un manojo de nervios e ilusión, sus labios se juntaron ya¡ aquel faro fue testigo del momento en el que el amor invadió sus almas con su dulce aguijón.

MJ. 01/01/2019

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Un comentario sobre “Una tarde en el faro (RE10P)

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