Una tarde de otoño

Caen las hojas.
El verde se vuelve cobrizo,
se desvisten los árboles
y dejan sus ramas expuestas
al frío y al vendaval.

Sobre la alfombra sepia,
bajo un plomizo gris,
un camino delineado por pinos
dibuja la plaza.

Entre chaquetas y boinas
los otra vez niños se reúnen.
Jose, Pablo, Pepe, Manolo,
perdieron otrora sus diminutivos
pero son los mismos;
los mismos nombres,
los mismos motes,
los mismos hombres.

Charlan y juegan,
el chasquido del metal les atiza,
las esferas se deslizan
y un equipo gana.
Los lanzamientos se suceden
trazando parábolas bien calculadas.
La tarde avanza.

Una tras otra discurren las contiendas;
se pide la revancha,
el ambiente se caldea,
las palabras se alzan;
los jueces se plantan y señalan al vencedor.
Las risas lo inundan todo.

Por unas horas
los relojes se detienen.
Sólo quedan niños divirtiéndose
una tarde cualquiera de otoño.

Para estos hombres nunca llegará el invierno.

petanca

A.

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2 pensamientos en “Una tarde de otoño

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