Kundera y los posos del alma

kundera

Con un estilo que parece abofetear al lector, es imposible pasar de lado ante este autor. Directo, franco y a veces incluso repelente, Kundera se pasea por los fondos de lo que conforma la estructura de la personalidad y remueve los posos que se depositan allí a lo largo del trayecto, a medida que las experiencias van dejando restos en nuestra configuración personal.

Las experiencias son como un cúmulo de partículas, una piedra arenisca lanzada a una piscina, que al deshacerse se filtra en su mayoría, dejando dos tipos de resto. Uno, las partículas ligeras y brilantes que flotan delicadamente en la superficie del agua; el esbozo de la experiencia que contamos a los demás, con el que estamos a gusto y cómodos y que puede verse a simple vista. El otro vestigio es el poso que cae al fondo de la piscina. Partículas también muy pequeñas que quedan depositadas en el fondo tras el filtrado; lo que guardamos para nosotros de las cosas que vivimos, lo que no contamos, lo que callamos. A veces duele y otras simplemente no sabemos que esa arenilla está allí hasta que alguien remueve con violencia el agua y las partículas de la superficie se encuentran con las del fondo. Entonces, en esa confluencia las emociones se manifiestan y no podemos evitar abrir los ojos bajo el agua, para ver el fondo y ver en ese torbellino de posos una parte oculta de lo que somos.

Kundera es la mano que chapotea con violencia en esas aguas calmas que nos mantienen a flote, nos salpica los ojos en su chapotear y nos arranca de ese estado de equilibrio en el que nos dejamos llevar sorteando grácilmente la superficie de las ondas, en horizontal, para rozar sólo esa arenilla brillante y ligera que dota de un brillo ocre el agua que nos aisla del mundo y en la que nos sentimos cómodos. Tras ese estruendo acuático, luego de la brusca interrupción del casi adormecimiento de nuestra conformidad, nos revolvemos, perdemos la horizontalidad y nos hundimos torpemente; sentimos el contraste de temperaturas al sumergir el cuerpo entero en el agua y, con nuestros movimientos desordenados azuzamos el revolotear del poso de nuestras almas.

La única forma de librarnos de los posos es utilizar un tamiz muy fino, remover el fondo, y salir del estado de comodidad en el que nos sumimos cuando encontramos que rebuscar en nuestro interior es doloroso, porque nos encontramos con esa visión de nosotros mismos que nos pertenece sólo a nosotros y que a veces sentimos que es mejor dejar encerrada en la caja de Pandora. Una vez filtrados los restos ocultos de las experiencias es cuando tenemos la mirada limpia debajo del agua y nos reconocemos falibles, frágiles, insensatos, crueles, duros, serenos; imperfectos… auténticos. Entonces nos quitamos un peso de encima y nos miramos con mejores ojos.

Kundera no es más que la cerilla, nosotros somos el viento que atiza nuestro fuego interior.

A.

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2 pensamientos en “Kundera y los posos del alma

  1. Sin duda un autor al que leer con tiempo por delante y sin prisas, por las reflexiones a las que aboca su lectura y por la invitación constante a contrastar la vida propia con la que rezuman sus personajes. Gran recomendación, gracias. 🙂

  2. No sólo vale la pena leer sus novelas, sus ensayos son excelentes y también dan mucho en que pensar. Particularmente recomiendo leer “El Arte de la Novela”, sobre todo a quienes, como yo, tenemos interés por las letras.

    Kundera ha marcado un antes y un después en mi forma de abordar la escritura y en mi forma de detenerme en la lectura de un libro. Si algo se puede destacar de él es que no deja indiferente.

    Saludos.

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