Carta desde la distancia

Cariño mío,

Te sorprenderá que te escriba esta carta. Las largas horas entre estas cuatro paredes se me hacen, si cabe más eternas sin ti. Estoy aquí, pensando, divagando, entreteniéndome con tu recuerdo y con la dulce ensoñación de verme entre tus brazos, acurrucada y protegida de la invernal estación que nos acucia.

Te escribo estas letras sin saber siquiera si llegarán a ti antes de que el destino nos reúna de nuevo, seguramente las dilaciones del servicio postal retrasen la entrega y podamos vernos y abrazarnos antes de que puedas leer esta frágil y escueta compilación de palabras de amor que sólo brotan para ti. Ya ves, la musa decide visitarme en horas intempestivas, y mi amor se manifiesta de formas insospechadas labradas en finas lineas sobre un papel, a veces burdos trazos de niño cargados de sentimientos e ilusiones, otras veces finas elaboraciones caligráficas dibujadas con esmero para tu deleite.

Amor mío, largas son las horas que me mantienen separada de ti, tan largo como el rastro que mi amor deja para que puedas sentirme allí donde vayas. En una dura jornada es la plenitud que me da el sentirme correspondida la que me permite acometer con éxito mis cruzadas para volver siempre a ti, a mi refugio, a ese rincón donde me siento libre de ser libre.

Espero y, en la profundidad de esta maraña de ideas que soy, siento y sé que piensas en mí. ¡Qué dichosa soy! Cuán grande es mi alegría por saberte mi compañero… que así sea este y cada día de nuestra vida, pero por lo pronto mi felicidad estará aquí y ahora, en este presente que me ofrece con los brazos abiertos todas las posibilidades del mundo resumidas en nuestras determinaciones. Hoy te amo, aquí te amo, y serán nuestros ahoras los que alimenten este sentimiento tan profundo y dulce que nos embriaga, para que siempre permanezca vivo.

Por lo pronto, esta misiva llega a su fin, no sin antes dejar contigo una retahíla de besos que esperan a ser entregados. Mis letras se harán estrechas para entrar en las rendijas de tu ser y poder así impregnarte de este amor que desborda y crece con una furia incontenible, que todo lo abarca y que nada llena, porque es una esencia que se esparce como el perfume de las lavandas en el campo.

Hasta pronto amigo mío, amante, fiel compañero, mi todo y mi nada. Esperaré ansiosa nuestro reencuentro. Te quiero con la inocencia y la ilusión de un niño y con la entereza y serenidad de un viejo.

A.

 

© Agatha. (09/11/2011)

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