De aldeanos / De aldeáns

Es un corto que me dejó fria y a cuento del corto me quedé con mal cuerpo y pensé en compartir una historia con vosotros…

Aquí os dejo el vídeo:

 

Y ahora os dejo una historia:

La primera lengua que yo conocí fue el gallego. Curiosamente hasta los 3 años no pisé Galicia. Mis padres emigraron a Venezuela y unos años después nací yo. En mi casa siempre se hablaba gallego, cuando iba a la calle escuchaba a la gente hablar en español, pero en casa mis padres hablaban en gallego y echaban de menos su tierra. Vine aquí de vacaciones muy pequeñita, tenía tres años y llegué a Venezuela hablando gallego, porque en casa de mis abuelos todos lo hablaban. Mis primos, mis tíos, mis padres… y que bonito era! yo como era una nena y los niños son esponjas hablaba gallego como mis primos y me lo pasaba muy bien!

Cuando llegué a Venezuela hablaba gallego con la gente y al ser un idioma que en Venezuela no se usa y ser yo pequeña le parecía muy simpática y graciosa a los mayores, por ello una vez se rieron escuchándome hablar y yo, muy peque me lo tomé como algo personal, pensé que se burlaban de mi cuando lo que hacían era reir porque les resultaba muy mona y dejé de hablar gallego en Venezuela. Desde entonces tuve mucha dificultad para hablar gallego con otras personas, sobre todo personas que no hablaban la lengua o que me lo pedían porque me sentía como un mono de feria, pensaba que se iban a reir de mi. “venga, habla gallego! dinos algo en gallego!” me decían y se quedban mirando para mi… la mayoría lo decían simplemente por curiosidad, por conocer algo de esa cultura que mis padres me enseñaban en casa y a mi me daba mucha verguenza porque pensaba que querían burlarse.

Así a los seis años volví a España, esta vez sola y al poco de llegar ya hablaba gallego con soltura, con mis primos y mis tíos. Era muy fácil y me sentía muy cómoda porque todos lo hablaban y aquí nadie veía como algo raro hablar gallego, al contrario, era lo más normal del mundo! como me sentía cómoda me pasé los tres meses que estuve hablando gallego como me salía con todos.

A los nueve años me pasó igual. Vine a pasar las navidades con la familia. Yo llegué tres semanas antes que mis padres y mi padre se sorprendió mucho al verme cuando llegó y escucharme hablar en gallego con mis primos, eso le hizo sentir orgulloso. Me gustaba Galicia, su tierra, me gustaban las muiñeiras, las orquestas, las fiestas, las tradiciones, ayudar a mis tías con los chorizos, me encantaban las filloas! a pesar de nacer en otro pais sentía un profundo arraigo a la tierra de mis padres y eso a mis padres les emocionaba.

La última vez que vine de vacaciones ya tenía 16 años, llevaba mucho sin venir y en Venezuela nunca hablaba gallego, pues allí salvo mis amigos hijos de gallegos la gente no lo entiende, cosa que a mi me parecía muy rara porque como desde pequeña lo tuve en casa me parecía igual de fácil entender el gallego que el español. La costumbre hizo que con el desuso perdiera soltura con el idioma y al volver de vacaciones ya no tenía la soltura de cuando era niña, entonces ese verano ya no hablé gallego, sino español, porque me resultaba más fácil expresar las cosas tal y como quería y como yo hablo mucho y muy rápido el cambiar a gallego me costaba un poco, siempre acababa hablando en español. Pero igualmente mi familia hablaba toda en gallego a mi alrededor, mis amigos, mis primos y la gente que conocía y a mi me parecía algo maravilloso, poder tener la capacidad de entenderles y disfrutar de su acento y de cada palabra. Me encantaba el gallego hablado por los gallegos, con ese acento tan característico y tan bonito. A mi me daba un poco de corte (reconozco que aún hoy en día me pasa igual) porque cuando yo hablaba gallego por mi acento venezolano me sonaba raro y no me gustaba, me parecía muchísimo más bonito ese acento cargado de emoción de aquí. En esas vacaciones viví uno de esos amores de verano y la verdad es podía pasarme horas hablando con él y me encantaba escucharle… curiosamente me temo que hoy en día es de los que piensa como la chica del vídeo… es triste pero es una cruda realidad.

Finalmente me vine a vivir aquí, después de muchos años de desear venir a la tierra de mis padres, de toda mi familia a instalarme. Desde pequeña supe que eso era lo que quería y perseguí eso hasta lograrlo. Galicia me hipnotizó desde pequeña, ya desde que mis padres me hablaban de esta tierra mágica. Ahora no soy galegofalante, supongo que un poco por comodidad, porque ahora ya no soy una esponja que enseguida pilla el acento y las palabras y tengo que pararme a traducir en mi cabeza cuando quiero decir algo muy concreto y también porque afortunadamente estamos en una región tan rica culturalmente que se puede hablar en dos idiomas y en ambos las personas se entienden sin problemas, cosa que en muchos lugares (Venezuela por ejemplo) no ocurre. Por eso utilizo mucho más el español, pero sigo enamorada del gallego y de Galicia, creo que es un idioma muy bonito y que nuestra cultura es espectacular, única y muy rica.

Curiosamente también de esta última vez si conocí mucha más personas que me hablan en español, cuando antes era quizas lo más raro. Aún la mayoría de la gente que conozco me habla gallego, pero son más los que hablan español. Eso no es algo que critico, lo que si critico es que se haga por el motivo equivocado, es decir, cada quien es libre de hablar la lengua que quiera, pero sin menospreciar al resto. No hablar una lengua por considerarla de “paletos” o de “aldeanos” dando un tono despectivo a dicha palabra me parece una verguenza. Renegar de tu lengua y de quienes la hablan, de tu cultura, es muy triste. A veces me parece que llevo a esta tierra incrustada en el alma de un modo que muchas personas que habiendo crecido aquí y habiendo podido disfrutar de todo esto desde siempre, no llevan. Que triste es no sentirnos orgullosos de tener una lengua propia y una cultura diferenciada… que triste es renegar de tus raices para parecer más “guay”.

Y así me ven, una venezolana – gallega defendiendo el valor de una lengua, porque yo no discuto su uso, sino el hecho de que una región que tiene una lengua propia además de su historia y su cultura tiene una joya que vale la pena cuidar y sobre todo respetar.

Todo aprendizaje es enriquecedor, todo idioma, tradición, conocimiento que se pueda alcanzar es alimento del espíritu y como tal debe ser tomado, no es un motivo de lucha sino una ventaja, porque es muy bonito poder hablar con quien quieras sin que el idioma sea una barrera, y ya que vivimos en una región bilingüe, deberíamos aprovecharlo, que bueno es que ya desde pequeño conozcamos dos lenguas y podamos hacer uso de ellas.

 

Dejo una pregunta al aire, la misma que dejó la chica… ¿quién es el más tonto? la respuesta es más que obvia. Afortunadamente, no todos pensamos así y aunque ella se esconda tras esa fachada de “todos piensan como yo” ese auditorio estaba vacío… porque ni todos piensan como ella, ni todos renegamos de nuestras raíces.
A.

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