Miedos

Las palabras acaban
y el grito se ahoga en el ser…

No soy nada,
sólo el vacio del no saber,
sólo lo nulo del no actuar.
Mis deseos se vuelven vanas promesas
en el altar de los paganos dioses
que prometen eternidades.

Mis dedos se deshacen en oraciones vacuas
y araño sin cesar a la vida
los minutos de felicidad que me regala.
Pero nada llega al final
y acabo sóla…
deshecha en esta plaza vacía,
ausente a los dolores ajenos
porque el mío me embriaga,
me posee
y me destruye desde dentro.

Lloro,
o tal vez grito,
Es mi sensibilidad alterada la que me agrieta
y deshace lo poco que queda alegre,
las flores que no marchitan,
hasta clavarme en el absurdo desierto…
en la soledad de las palabras que no existen,
que se dicen por decir,
hasta que el alma se rompe.

Muero por dentro
lentamente…
los gritos de auxilio no llegan a tiempo
y los oidos sordos no me oyen.
Sólo quedo yo,
sola ante esta condena,
ante esta maldición perseguida.
Nada hice yo para evitarla
y ahora me consume…
Quejarme sería de idiotas,
así que me rompo sin emitir gemido alguno,
y espero firme la avalancha
que me destrozará hasta dejarme inservible.

Quise la flor y tuve la ceniza,
la podredumbre de lo que se marchita.

Ahora sin fe sucumbo al llanto
mientras en el cielo las puertas se cierran.
Me quedaré viva, mundana y nula,
como un ente que divaga sin cesar
buscando lo perdido,
aquello nunca encontrado,
con la estúpida esperanza de un futuro.

miedos

© Agatha (2008).

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