Fruta Prohibida

Manzana roja y ardiente,
eres la fruta maldita.
Jugosa,
tersa,
dulce
y prohibida.

En mis manos te pones,
tu piel se me antoja suave.
Percibo tu aroma y me empalago.

Deseo carnal,
ansias.
Deliciosa tortura la de tu abrazo,
conocido y amigo,
pasional y lejano.

En la fría soledad nos perdemos,
nuestros cuerpos nos hallan.
Cercano temblor y calor ajeno.
Los sentidos buscan la cordura sin éxito.

Labios que se tocan,
degustan el sabor de la locura
y se pierden en los cuellos,
los pechos,
los ombligos…

Miradas que se encuentran.
Buscan lo que hay bajo las manos,
que, prenda a prenda,
dibujan la silueta de los cuerpos,
liberan nuestra desnudez
y marcan el punto donde no hay retorno.

El deseo contenido nos doblega.
El placer se vuelve el único objetivo.
Mis uñas en tu espalda,
tus dientes en mi cuello,
son preludio del ansiado momento
en el que sólo somos humanos.

Improvisas los pasos de esta danza,
las caderas se acoplan y se besan.
Los corazones se sienten,
los latidos aumentan.
Nos invade el blanco éxtasis
y volvemos a ser mortales.

Comí de ti y fui mujer.
Renunciamos al Edén por un abrazo.
Exiliados,
condenados,
perdemos la batalla ante la sangre,
asesina de este amor prohibido.


© Agatha (2007)

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