Palabras I – Locura

Locura:

Ella observa sentada en la rama de un árbol. Mira a la gente que pasa bajo sus pies presa de una profunda curiosidad. Día tras día pasa horas allí observando, preguntándose a dónde irán todas esas personas, por qué llevarán tanta prisa, qué irán a hacer, quién las estará esperando. Aún nadie nota su presencia y ella los ve a todos. Se pregunta entonces si acaso existe, o si sólo existirá cuando alguien alce la mirada y la encuentre.

De pronto siente una profunda tristeza, pues piensa que tal vez no existe. No forma parte de nadie, no va a ningún lugar, nadie la espera, nadie la extraña, nadie la necesita, nadie la conoce… nadie.

Entonces piensa que si tuviera una misión, una tarea pendiente, un lugar que visitar o algo que hacer, existiría, pues entonces sólo ella podría ocupar ese lugar o realizar esa tarea que le corresponde. Pero un escalofrío la recorre al darse cuenta de que no tiene nada que hacer, no hay nada que visitar, nada le ha sido encomendado… nada.

Es por esa razón que está en la rama del árbol viendo a la gente pasar, porque no es nadie y no tiene nada que hacer. Nada, nadie, son palabras que la persiguen y la hacen concluir que definitivamente ella no existe, que es un ente etéreo, que puede verlo todo pero no puede ser vista. Nadie la ve, nada es para ella. Pero a ella no le gusta eso, quiere existir, lo desea por encima de todo.

Sentada en su fría rama y con la vista fija en sus pies descalzos se pregunta qué debe hacer para existir, para dejar de ser etérea. Tras discurrir un rato y analizar la situación observa que la gente está muy lejos y piensa que, tal vez, si se acercara más a ellos, alguien podría verla. Si alguien la viera entonces dejaría de ser etérea. Es por ello que decide que la forma más sencilla de existir es bajar del árbol y acercarse a la gente.

Así lo hace. Ella separa sus manos de la rama al tiempo que se impulsa hacia el frente. Mientras se acerca al piso sonríe, se aproxima a la gente. Siente que se acerca rápidamente al lugar donde tiene la posibilidad de cumplir su deseo.

Dolor. Un intenso y punzante dolor se apodera de ella, cada parte de su cuerpo se queja y ella se pregunta si eso forma parte del comienzo de su existencia, se pregunta si así se siente el nacer, en su interior cree en eso. Está naciendo.

El dolor empieza a remitir y ella intenta abrir los ojos, pero de pronto se siente muy cansada, sus ojos permanecen cerrados, sin embargo sus oídos perciben ruido, gente. La gente hace más ruido del que ella creía, le parece escuchar unos gritos y unas voces que parecen decir una palabra… le cuesta entender lo que oye, apenas distingue los sonidos entre los gritos. Se concentra en una voz cercana. ¡Una ambulancia! Eso es lo que repite la voz que está más cerca de sus oídos.

Pero ella no se conforma con oír, quiere ver lo que pasa, confirmar que ha nacido al fin, que ya no es etérea. Hace un esfuerzo por abrir los ojos. Su cuerpo es más pesado que cuando se encontraba en su rama y podía hacer bailar sus pies o mover su cabeza o sus manos sin problema. Ahora parece que un imán le impide moverse. Ella comprende al fin lo que le sucede, se da cuenta de que su cuerpo tiene un nuevo peso, que sus movimientos son torpes porque no está acostumbrada a él, que solo necesita un poco de concentración y de tiempo para aprender a moverse nuevamente. Se concentra y después de varios intentos logra abrir un poco sus ojos. Hay algo borroso frente a ella, muy cerca de su rostro. Intenta enfocar y se sorprende al descubrir que a unos centímetros está otro rostro, que hay unos ojos mirándola y una boca hablándole. Ella se emociona, alguien la ve, ya no es etérea. Ha nacido, existe. Su rostro dibuja una mueca y mientras sus ojos se cierran, ella sonríe. Oscuridad. Frío. Silencio.

Al día siguiente todos en la ciudad hablaban de ella, de la chica que se tiró del balcón de un tercer piso, de cómo la ambulancia legó tarde, de cómo aquél buen hombre intentó ayudarla pero no pudo hacer nada… Lo que la gente no sabe es que aquel buen hombre hizo más que ninguno por ella, que la hizo existir, que dejó de ser etérea gracias a que el la vio. Sólo en ese momento, ella fue feliz.

locura

Agatha (01/04/2006)

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