Tormento y paz

Aquí estoy de nuevo, riendo… ¿o tal vez llorando? No lo se, no tengo ya más lágrimas así que para mi reír o llorar es lo mismo. Últimamente he tenido bastantes problemas en el trabajo, en el instituto, con mis amigos y mi familia. No quiero ver a nadie, por eso vine a visitarte, necesito estar sola y tú eres el único con quien puedo estar sola y no estarlo. Sabes escuchar tan bien… no dices nada, sólo dejas que me desahogue y luego me reconfortas con tu silencio, ¿O acaso me hieres? No lo se, mis heridas son de las que no se ven, sólo están ahí calladas, asi que ¿cómo saber si me hieres?

Como poco y duermo menos, mi cuarto me da miedo, mis sábanas no son de acero, no me siento segura ni entre esas cuatro paredes. Pero, ¿Cómo sentirme segura allí? No puedo cerrar los ojos, me amenaza el techo, siento que se me viene encima, como aquella noche ¿Recuerdas? Supongo que la recuerdas muy bien, como yo. Precisamente porque la recuerdo ya no duermo.

Me dicen que tengo una depresión crónica. ¡Ja! ¡Claro que no! Tu sabes que no, lo único que tengo es necesidad de tomarme unas vacaciones, para poder estar más tiempo contigo. Cuando quise tomarlas no me dejaron, ¿Por qué?, si yo solo quiero estar más cerca de ti. Bueno, al menos pude estar diez días contigo, lástima que no pudieron ser más, hablamos de tantas cosas, en esa ocasión también hablabas tú. Sabes que regresé porque tú me lo pediste, se que mi familia me quiere y mis amigos también, pero yo quería estar contigo, ¿Por qué no me dejaste? A veces creo entender por qué pero nada de lo que me dijiste y nada de lo que vivo me sienta bien si no estás conmigo. Por lo menos aún puedo venir, a escondidas, a verte aquí. Me dijiste que siempre podría visitarte y eso hago, no quiero que te sientas solo, pero es que ahora es más difícil hacerlo, no puedo creer que me lo hayan prohibido, supuestamente porque me hace daño, ¡Ja! ¡me río de ellos! Si solo aquí contigo me siento tranquila.

Hoy nadie sabe que vine, puedo pasar todo el día contigo, abrazarte como antes y recostarme entre tus brazos, aunque ahora no me dan el mismo calor que antes, a veces hasta me parece que eres de piedra, pero no, no lo eres. ¡Te amo tanto corazón! No me vas a creer cuando te cuente, el otro día vino Julián hasta la casa y en vez de preguntar por ti como hacía siempre me invitó a cenar, le dije que te estaba esperando y me dijo que te esperaba en vano, que ambos sabíamos que no ibas a venir, pero no lo escuché, el no sabe nada, ¡nadie sabe nada! por eso tengo problemas con mis amigos… se empeñan en decir cosas que no son, en hacerme creer que ya no existes. ¿Cómo van a decir eso? ¿Acaso no ven que estas aquí? No los entiendo.

¡No puede ser! ¿Cómo se enteraron de que vendría? Ya vinieron a buscarme amor, no me quiero ir y lo sabes, perdóname por tener que irme así sin siquiera despedirme como debo, perdóname… ¡Perdóname por no poder amarte! Sabes que lo deseo pero mi cuerpo ya no reacciona, esa noche mi cuerpo se congeló… y el tuyo también. ¿Cuándo vas a volver a casa? Se que la pasamos mal esa noche, pero ya todo pasó, yo me estoy recuperando, de hecho el médico me dijo que podía volver a quedar embarazada, ¿No te alegra? Se que te emocionaba tener a nuestro bebé, se iba a llamar Santiago, como tú, pero podemos intentarlo de nuevo, solo tienes que volver a casa… ¡Vuelve por favor! Te extraño demasiado, ahora solo tú puedes entenderme. ¿Qué tengo que hacer para que vuelvas? ¡Ya se! Hoy no pienso irme amor, ya no. Si tu no vienes a casa entonces yo me quedo contigo, ahora si vamos a estar siempre juntos. Te amo.

Y allí María deslizó aquel filo por su cuello, un hilo de sangre se deslizó por la piedra gris que marcaba un nombre: Santiago Gutierrez Montilla y una fecha 14/02/2004. María ya nunca más estaría lejos de él. Ahi, mientras su familia se acercaba se le fue la vida por el río que su sangre dibujaba, todos lloraban menos ella que, por primera vez en un año, dibujaba una sonrisa en su rostro, por fin estaba en paz. Sus padres lloraban y trataban de detener la sangre, pedían ayuda, pero ella era feliz, la felicidad que le arrebataron los matones aquella noche que tomaron su cuerpo sin autorización volvía a reunirse con ella. Se reunió con Santiago, que murió tratando de evitar lo que de igual modo sucedió y con ese bebé que nunca conoció el mundo a causa del enorme daño que sufrieron su vientre y su alma aquella trágica noche. Por fin María encontró paz en los brazos de su amado, una paz eterna. Nunca más estarían separados, sus nombres marcados en la misma piedra firmaban su pacto eterno.

Tormento y paz

©Agatha (2005)

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