Camino de paso

El dolor se escapa por las laderas oscuras de mi mente y sus punzadas hieren profúndamente mi corazón. Las lágrimas se abren paso por los caminos de mi alma y erosionan, poco a poco, gota a gota, mi vida, que se va quedando vacía y sin sentido.

Los recuerdos torturan mis sentidos y entre risas, trato de tocar lo que un día fue mio. Ahora sólo miro asombrada que nuevamente me como la arena que quedó del espejismo de alegría, del oasis de tranquilidad y esperanza en el que intentaba reposar.

Mi petición fue pequeña y mi desilusión grande. Resignación y costumbre son las palabras que por mi camino andan. Intenté compartir mis tierras, permití el paso a mis terrenos y fui invadida, consumida y dejada atrás como tierra yerma y gastada, son las tierras nuevas las que lucen más atractivas y son más deseadas.

La paz que mi suelo verde proporcionaba, nunca fue suficiente. Soy sólo el camino de paso, ese que une un pueblo con otro, condenado a que todos lo conozcan y pasen por él, donde alguien acampa una noche… donde nadie se queda. Todos van a un pueblo. A nadie le importa haber dejado su marca en ese camino destinado a la soledad.

¿Qué he de hacer para evitar el dolor? ¿arder en llamas eternas? ¿cubrirme de maleza para evitar el paso a nuevos peregrinos? ¿resignarme y perder la ilusión de convertirme en pueblo? Al final sólo soy refugio del que huye hasta que su miedo se ha disipado y regresa a su lugar de origen para jamás volver. ¿Debo acaso cerrarme al olvido, para que nuevos caminos sean creados y ya nadie pase por el viejo y cansado sendero? No lo se, tal vez es mejor acostumbrarse a la soledad que intentar escapar de ella, al final siempre nos alcanza.

A veces sólo quiero dormir y no despertar, para crear un sueño eterno en el que me convierto en pueblo. Un pueblo pequeño, en el que el amor salga por las ventanas y la alegría se sienta en todos los alrededores. Un lugar donde la palabra rechazo carezca de significado, en el que nadie pueda tomar mi lugar para reemplazarme.

Quisiera volver a ser tierra fresca, llena de cantares de pequeñas aves, de arbustos y de verde pasto. Pero la tristeza vuelve áspera y marrón la grama, seca los arbustos, aleja las aves… lo destruye todo sin tener clemencia, destinándome a la sequía, al olvido.

Nunca debí confiar, nunca debí creer que todo sería distinto, porque el cambio me tomó por sorpresa y el dolor fue mayor de lo esperado. No quiero estar sola, pero tampoco quiero sufrir por la compañía posible, pero negada. Se deshacen mis sonrisas y se desmoronan en las arenas del tiempo. Se quebró mi burbuja de cristal y no consigo una nueva para refugiarme. Mi cuerpo es pesado y mi alma no desea atarse a él. Tal vez sólo debería salir y volar a un lugar donde pueda ser más feliz. Sólo ella es mi compañera fiel y aún asi, a veces quisiera marcharse.

© Agatha (2004)

Camino de paso


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