El alma llora

El corazón sufre cuando ama sin ser correspondido, pero el alma llora cuando el amor se va. Cuando el corazón se colma de alegría por haber encontrado al ser que lo complementa, ya no se entristece por la soledad, sólo vuela alto para buscar una estrella a la que pueda cantarle su dicha, a la que pueda hablarle del amor y de lo feliz que es porque le corresponden con el mismo amor que brinda. Pero, cuando en pleno frenesí los sueños se interrumpen y el magnífico ocaso llega a su final, ya no es el corazón quien se acongoja, es el alma…

 

Es el alma la que se estremece al sentir la brisa que, poco a poco y sin detenerse, se cuela por la puerta entreabierta por la que tiene que partir, pues sabe que lo que aguarda detrás de ella, es sólo un gélido desierto con altos picos y oscuros matorrales, a los que se tendrá que enfrentar sola.

El alma llora, porque sus ojos contemplarán solos el horizonte, porque verá caminos interminables, con miles de obstáculos, en los que no parece haber un final, porque observará vacías puestas de sol sin sentido y ríos de aguas cristalinas que no quitan la sed, porque mirará bosques con miles de árboles, verdes, frondosos, sin aves que les alegren el día y les arrullen en las oscuras noches, porque admirará majestuosas llanuras, llenas de verde pasto y de flores que se le antojan grises y marchitas, porque sus noches estarán apagadas y sin estrellas que guíen sus pasos de regreso a casa.

El alma llora, porque sabe que su sombra no tendrá una sombra que la acaricie y la consuele cuando sienta que nada tiene solución, porque sabe que su mano no tendrá una mano que la tome y la acompañe por el camino que le toca recorrer, porque siente que no tendrá unos ojos en los que se pueda mirar, ni una boca que le sonría, ni unos oidos que escuchen sus palabras con el mismo amor que le profesaron un día.

El corazón no sufre, se alegra por haber tenido la oportunidad de conocer el amor, a pesar de lo pasajero que haya podido ser. Pero el alma, ella todavía llora porque no se acostumbra a no tenerte cerca y a no poder estar nunca más junto a ti.

© Agatha. 23 de octubre de 2000

Reflejo


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